Lo recuerdo como si fuera ayer. En una videocasetera Betamax llegó a mi casa una copia de la película Terminator. La primera vez que la vi me impresionó y me dio mucho miedo la idea de que existiera un cyborg como el que interpreta Arnold Schwarzenegger. Claro, era un temor desmedido, ya que a final de cuentas, yo era apenas un niño.
Años después apareció Robocop, un nuevo cyborg que era una mezcla de robot y policía, bastante más chafa que el primero. Así fue la década de los ochenta, en la que las historias de cyborgs comenzaron a invadir las pantallas de todo el mundo.
Un cyborg es una mezcla humana y cibernética. Un humano con partes robóticas o un robot con partes humanas, como lo quieras ver. La idea de que los avances tecnológicos nos lleven a convivir con cyborgs nació algunas décadas antes. Isaac Asimov, escritor ruso de historias de ciencia ficción publicó Yo, Robot, en 1950, en la que se refiere a robots con características que se combinaban con lo humano por primera vez.
La idea de un humano con extensiones cibernéticas puede parecerte fantasiosa, pero te sorprendería saber que no lo es tanto. Existe una alta posibilidad de que en este momento estés leyendo esta columna mientras sostienes con la mano un diminuto artefacto cibernético que es, para efectos prácticos, una extensión de tu persona. Sí, me refiero a tu teléfono celular.
Poco a poco, desde hace casi 30 años, nos hemos ido transformando en una primera generación de cyborgs, que en nada nos parecemos a los que vimos en el cine, pero que hemos desarrollado una relación profunda con este tipo de tecnología que nos permite extender nuestras capacidades y nuestra persona al mundo digital.
El celular se ha vuelto una extensión de nuestra memoria. Interminables listas de nombres, conversaciones, datos privados que solo existen ahí y solamente para ti. Piensa en cuantos de tus recuerdos están almacenados en ese pequeño dispositivo. Fotografías de momentos importantes, de lugares que visitaste, videos de momentos especiales. A donde sea que vayas, cuando algo ocurre que es digno de recordarse, verás a muchos de los humanos que te rodean sacar su dispositivo y capturarlo en la memoria. No solamente es una extensión de nuestra memoria, sino también es una extensión de nuestra forma de comunicarnos. ¿Cuántas conversaciones durante el día las realizas a través de este dispositivo?
Vivimos una realidad en la que cada día estos dispositivos y los accesorios a su alrededor (audífonos, lentes, asistentes de voz y demás gadgets tecnológicos) se vuelven parte de nosotros. Una extensión de nuestra manera de hablar y escuchar, de mirarnos, de conocernos, de recordarnos, de orientarnos, de vincularnos. Una nueva forma de vivir. Estamos en un proceso de extensión del mundo real al digital, en el que nuestra persona tiene una representación real en ese mundo digital.
Este proceso es inevitable y progresivo, pronto estas extensiones cibernéticas que nos ayudan a ampliar nuestros sentidos y nuestras capacidades serán más poderosas y también intrusivas. El mundo y la manera en la que vivimos está cambiando. Sin embargo, la pregunta queda en el aire, ¿podremos aprovecharlo para evolucionar a la par y convertirnos en mejores personas? Yo no tengo una respuesta. Y tú, ¿qué piensas?
Sergio F. Esquivel – @sergio_escribe
Columna: De Paso.
Publicada por Novedades Yucatán el 10 de diciembre 2021



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